En la hora más oscura de la noche es cuando se acerca el amanecer.

Probablemente es lo que durante estas horas ocurre en Venezuela. Esa
oscuridad ha visto su rostro más temible con nuevas evidencias. Por un
lado, la prueba ya sabida del Departamento de Justicia de EE.UU. que
incrimina formalmente a Nicolás Maduro de ser jefe del Cartel de los Soles
. Adicionalmente, el nuevo secuestro de dos personas ligadas a Rafael Rico,
asistente de trabajo y unos de los hombres más cercanos al presidente Juan
Guaidó.

La «huida hacia adelante» por parte del régimen madurista resulta un patrón
de conducta establecido. Justo cuando la justicia internacional se posa
sobre Venezuela, el chavismo decide mostrar nuevamente su rostro más
barbárico. Parece que la sensación ilusoria de fortalecimiento que la alta
cúpula del madurismo podría sentir en estos momentos enceguece por completo
una lectura objetiva de cómo va este juego, de quién va ganando y quién va
perdiendo, de cuánto a cuánto va este marcador.

Después de 432 días del gobierno interino, las aberraciones del régimen
terminan por ser un punto negro dentro del dibujo multicolor de la dinámica
política actual venezolana. El chavismo está mal, está dividido, está de
manos atadas.

Vale recordar lo siguiente. Por un lado, casi 80 países reconocen al nuevo
Gobierno, adicionalmente se han recuperado activos importantes para el
país. Citgo, por ejemplo. Se han sancionado de manera determinante a
dirigentes chavistas, de los cuales, 15 de ellos incluyendo a Maduro y a
Diosdado, mantienen las mismas sanciones que aquellas publicadas en la
lista OFAC, con el agregado de 10 millones de dólares por la captura y
entrega de dichos personeros del oficialismo.

Se han recuperado espacios importantes de la diplomacia con nombramiento de
embajadores alrededor del mundo y, sobre todo, ha renacido la esperanza en
las calles de toda Venezuela, mermada sí, mucho antes de la pandemia, pero
que pudiese renacer con el hipótetico cese de usurpación y gobierno de
transición que asoma Guaidó con su conformación del Gobierno de Emergencia,
del cual dejó claro que Maduro y su combo no formarían parte.

Cuando el liderazgo político que encarna la nueva Venezuela asegura que
«Vamos bien», expresan un deseo, pero sobre todo, y es responsable decirlo,
expresan una realidad. Venezuela y el cambio caminan en una dirección
correcta. Lo construido en 14 meses ha sido providencial. En diciembre de
2016, por ejemplo, nadie hubiese imaginado todo lo que se podía alcanzar en
poco tiempo y renovando el liderazgo.  Sin embargo, el tiempo será
necesario para que la transición sea pacífica.

Jorge Fernández @jorgeLFR

Abogado criminólogo
Periodista egresado de la Universidad del Zulia

Centro Thatcher no se hace responsable por las opiniones y/o comentarios escritos por nuestros colaboradores.