La naturaleza de los hombres soberbios y viles es mostrarse insolentes en la prosperidad y abyectos y humildes en la adversidad” Esta cita de Maquiavelo, a pesar de la distancia en siglos y en circunstancias, es como la radiografía del estilo de los adalides del Socialismo del siglo XXI en la conducción de las cuestiones de Estado, incluso hoy cuando una Venezuela ya exangüe ha tenido que vérselas con una pandemia que supera ampliamente la capacidad de respuesta del arruinado sistema sanitario. En este contexto, Maduro tuvo la idea de solicitar al Fondo Monetario Internacional la bicoca de cinco millardos de dólares (ante la negativa inicial se bajó a un millardo) según él para atender la emergencia y paliar los efectos del “bloqueo americano” al que culpa de generar las deprimentes condiciones que atraviesa el país y que en realidad son producto de dos décadas de saqueo e incompetencia. Ahora, ¿quién no recuerda las condenas, insultos y denuestos que Chávez y el propio Maduro hicieron al FMI? Hasta hace poco, en la prédica del oficialismo el FMI no era sino un depredador voraz que así como destruía economías, hundiendo a la gente en la miseria, servía de ejecutor de la siniestras políticas de dominación mundial. Este discursito, infaltable en el menú rancio de la izquierda latinoamericana, se convirtió en dogma del chavismo y llevó a Chávez a anunciar (2007) el retiro de Venezuela tanto del FMI como del Banco Mundial, solo para apostar por los espectaculares fracasos políticos y económicos que son el ALBA y el Banco del Sur.

Que Maduro diera un giro tan dramático, tiene, claro está, la intención de procurar alguna clase de reconocimiento oficial para su cuestionado régimen, así como la procura de un conveniente paquete de excusas para justificar (en caso de que no haya préstamo) la proverbial incompetencia del chavismo. Otros analistas destacan que la debacle generalizada de la producción petrolera, en conjunto con las sanciones, han puesto al régimen en una situación difícil sobre todo para continuar financiando a la casta militar que lo sostiene en el poder. En cualquier caso, la jugada de Nicolás Maduro no tiene por objeto paliar el sufrimiento de los venezolanos, cuya suerte, les importa poco a un pranato criminal que se ha dedicado a saquear sistemáticamente al país, al extremo de hundirlo en la miseria actual. Entonces ¿Puede esperarse un transparente manejo de fondos de quienes dilapidaron la riqueza de uno de los países con mayores recursos del mundo? ¿Puede esperarse que inviertan humanitariamente esos fondos quienes ven con indiferencia la muerte diaria por hambre o enfermedades de miles de personas? La respuesta de cualquier persona racional es que no, pero, no se adelante amigo lector, que todavía caben las sorpresas…

¡Y es que Juan Guaidó considera vital el préstamo del FMI! Muy propio de su cantinflesco discurso, nadando entre contradicciones, ha señalado que es prioritario atender la emergencia nacional y que por tanto esos recursos son necesarios. Viniendo de un personaje que manda pero no gobierna, cabe preguntarse qué valor exacto tiene ese espaldarazo. ¿Es un reconocimiento implícito de la autoridad de Maduro? ¿quién administrará los fondos y quién supervisará su inversión? ¿desconoce acaso los móviles reales y evidentes del régimen chavista? Como la estupidez siempre está acompañada de ausencia de criterio, ya salieron los intelectuales de izquierda (socialdemócratas sobre todo, ¡faltaba más!) a justificar con maromas argumentales esta lamentable claudicación y ya hasta se habla de “treguas” y “acuerdos”, dos términos que si no es por la trágico del contexto, resultarían risibles cuando de lo que se trata es de llegar a entendimientos con una banda criminal sin que de ello resulte mejora para la pesadilla que atraviesan a diario millones de seres humanos.   

En Venezuela no hay oposición. No puede haberla realmente entre grupos que comulgan en los fundamentos del socialismo y que se pelean nada más por las mieles del poder. Esta crisis ha develado la ausencia de voluntad y de propósito real de salir del modelo socialista por parte de una dirigencia que día con día luce más como un apéndice del régimen y no como la punta de lanza de la reacción nacional que es lo que realmente esperaban los venezolanos. El Ministerio del Poder Popular para la Oposición que hoy dirige Guaidó, es una afrenta para los caídos, para los que sufren, para los exiliados, para los presos políticos y para la dignidad de la Nación venezolana que le confió, sin estar a la altura, la inmensa responsabilidad de liderar la lucha contra los criminales que la martirizan. Con razón sostenía Alfonso X, bien llamado, El Sabio: “Los que dejan al rey errar a sabiendas, merecen pena como traidores” Tomen nota.

Jonhder Vargas-César

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